Vivimos tiempos difíciles. Nos estamos enfrentando a muchas situaciones que están fuera de nuestro control. Una pandemia global, el cambio climático que está acabando con muchísimas especies o los incendios descontrolados cada vez en más puntos del planeta.

Además, cada día somos más superficiales y egoístas. Nos obsesiona mostrar unas vidas que en la mayoría de casos no son reales. Guiarnos por los seguidores que tenemos en Instagram o Twitter, por los likes que recibimos o por las visitas de nuestro último vídeo para saber si estamos haciendo las cosas bien o no. Nos hemos convertido en la generación de los idiotas.

Ya lo dijo Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas”. El momento nos ha pillado a todos con la cabeza agachada, mirando el móvil. Así que bueno, ¿qué podemos hacer para dejar de ser unos idiotas redomados?

Se me ocurrió escribir sobre esto porque el otro día estuve leyendo la famosa historia de Cicerón La espada de Damocles. En ella se cuenta como Damocles, un miembro de la corte del rey Dionisio, era una persona que envidiaba los lujos y las comodidades del rey. Un buen día el rey se enteró de esto y le ofreció a Damocles intercambiar los roles por una noche para que pudiera experimentar los placeres que tanto envidiaba.

Todo iba genial y Damocles disfrutaba de los lujos y privilegios que se le habían otorgado. Pero en un momento dado miró hacia arriba y vio una afilada espada que pendía sobre su cabeza, atada por un único pelo de crin de un caballo. Después de ver esto, volvió a hablar con Dionisio para decirle que abandonaba su puesto, alegando que ya no quería ser tan afortunado y que prefería seguir dónde estaba.

¿Qué dos cosas sacamos en claro de esta historia?

La primera representación que podemos hacer es la siguiente: Muchas veces, como buenos idiotas, centramos nuestros esfuerzos en quejarnos de lo mal que están las cosas o de lo que bien que le va a [Inserte nombre de famoso o influencer de turno], pero no nos paramos a pensar en la responsabilidad o la presión que esa persona pueda tener por estar dónde está, o el esfuerzo que ha tenido que hacer para conseguirlo. Y es más que probable que si estuviera en nuestras manos, no quisiéramos hacer ese sacrificio o dedicar el tiempo que requiere para lograrlo.

La frase Memento Mori nos viene genial para tratar la segunda representación. Significa “recuerda que morirás”. Ser conscientes de que vamos a morir, seamos más idiotas o menos, es un tema del que hablamos poco, cuando es lo único que sabemos con certeza que va a pasar. Y esto es un problema, porque vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, y nos permitimos perderlo en cosas que no nos aportan nada.

Es nuestra responsabilidad dejar de quejarnos de las cosas que no están bajo nuestro control y empezar a trabajar en las que sí tenemos el control como pueden ser lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Porque aunque a veces creamos que nuestras acciones no tienen influencia en el mundo, todos estamos conectados. Cada cosa, por pequeña que pueda parecer, repercute directa o indirectamente en los demás.

Entre todos podemos aprovechar mejor el tiempo que nos queda para pasar más tiempo con la gente que queremos, para hacer aquellas cosas que nos dan miedo o para intentar aportar nuestro granito de arena al mundo. Y así de una vez por todas, dejar de quejarnos y dejar de ser unos idiotas. Si realmente queremos ser importantes para las personas que nos rodean, no lo vamos a conseguir a través de una pantalla, sino siendo un ejemplo y usando nuestro tiempo en algo en lo que creemos y con lo que podemos hacer que la vida de otra persona sea un poquito mejor.